Texto 8 (líneas 141-156)
(V) El movimiento entero de la
historia es, por ello, tanto su generación real -el nacimiento de su existencia
empírica- como, para su conciencia pensante, el movimiento comprendido y
conocido de su devenir. Mientras tanto, aquel comunismo aún incompleto busca en
las figuras históricas opuestas a la propiedad privada, en lo existente, una
prueba en su favor, arrancando momentos particulares del movimiento (Cabet,
Villegardelle, etcétera, cabalgan especialmente sobre este caballo) y
presentándolos como pruebas de su florecimiento histórico pleno, con lo que
demuestra que la parte inmensamente mayor de este movimiento contradice sus
afirmaciones y que, si ha sido ya una vez, su ser pasado contradice
precisamente su pretensión a la esencia.
Es fácil ver la necesidad de que
todo el movimiento revolucionario encuentre su base, tanto empírica como
teórica, en el movimiento de la propiedad privada, en la Economía.
Exposición de la temática del texto
En este capítulo del tercer
manuscrito, perteneciente a los “Manuscritos de economía y filosofía”, de donde
se extrae el fragmento, Marx reflexiona acerca de las consecuencias del trabajo
alienado y de manera muy particular sobre su resultante más decisiva, la
propiedad privada. El comunismo se presenta en principio como la mejor forma de
superar los efectos nocivos que para la humanidad tiene la pervivencia de este
régimen de propiedad. Marx procede a continuación a un análisis crítico de las
distintas formas en que el comunismo se puede materializar. En el fragmento, en
concreto, Marx analiza el comunismo como recuperación del ser humano en tanto
que ser social.
Para Marx el desarrollo de la historia corre paralelo a la evolución de la humanidad y a la comprensión de la evolución de la humanidad y a la comprensión que los hombres se hacen de ella. La historia es contemplada aquí como un proceso generador que, con la abolición de la propiedad privada, da un salto cualitativo en su progreso. Este es al caso, según Marx, de Cabet y Villegardelle, a los que, si bien cabe considerar como socialistas utópicos (Villegardelle fue seguidor de Fourier) debe serles reconocido haber puesto especial énfasis en la necesidad de que la propiedad privada quedara totalmente excluida en la nueva sociedad comunista que intentan construir. Esos socialistas establecen una sociedad alternativa, pero no superadora de la propiedad privada. La niegan pero no consiguen acabar con ella, permitiendo que exista o vuelva a repetirse.
Para Cabet, en concreto, la
democracia completa era el comunismo, pero su consecución no se produciría
mediante la revolución social, sino por el propio convencimiento. El hecho de
que estos seguidores de los socialistas utópicos buscaran una fuente de autoridad en aquellos para
justificar la necesidad de superar la propiedad privada, les aleja de lo
esencial: no solo basta negar empíricamente la propiedad privada, sino también
teóricamente, y para ello es necesario realizar un análisis económico profundo
del funcionamiento del capitalismo.
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