Texto 4 (líneas 54-78)
Este comunismo, al negar por completo
la personalidad del hombre, es justamente la expresión lógica de la propiedad
privada, que es esta negación. La envidia general y constituida en poder
no es sino la forma escondida en que la codicia se establece y, simplemente,
se satisface de otra manera. La idea de toda propiedad privada en cuanto
tal se vuelve, por lo menos contra la propiedad privada más rica como envidia
deseo de nivelación, de manera que son estas pasiones las que integran el ser de
la competencia. El comunismo grosero no es más que el remate de esta codicia y de
esta nivelación a partir del mínimo representado. Tiene una medida determinada
y limitada. Lo poco que esta superación de la propiedad privada tiene de verdadera
apropiación lo prueba justamente la negación abstracta de todo el mundo de la educación
y de la civilización, el regreso a la antinatural (IV) simplicidad del hombre
pobre y sin necesidades, que no sólo no ha superado la propiedad privada,
sino que ni siquiera ha llegado hasta ella.
La comunidad es sólo una comunidad
de trabajo y de la igualdad del salario que paga el capital común:
la comunidad como capitalista general. Ambos términos de la relación son
elevados a una generalidad imaginaria: el trabajo como la determinación
en que todos se encuentran situados, el capital como la generalidad y el
poder reconocidos de la comunidad.
Exposición de la temática del
texto
En este capítulo del tercer
manuscrito, perteneciente a los “Manuscritos de economía y filosofía”, de donde
se extrae el fragmento, Marx reflexiona acerca de las consecuencias del trabajo
alienado y de manera muy particular sobre su resultante más decisiva, la
propiedad privada. El comunismo se presenta en principio como la mejor forma de
superar los efectos nocivos que para la humanidad tiene la pervivencia de este
régimen de propiedad. Marx procede a continuación a un análisis crítico de las
distintas formas en que el comunismo se puede materializar.
En el fragmento, en concreto,
Marx analiza el comunismo primitivo, comunismo que no constituye una verdadera
erradicación de la propiedad privada y niega a la mujer su condición humana.
En este comunismo, la forma de
apropiación se reduce a una posesión meramente física y de carácter colectivo,
al modo de lo que se podría llamar una propiedad privada generalizada. El
fundamento de la propiedad privada, lejos de desaparecer, es por el contrario,
reforzado. En general, la propiedad privada lo que provoca es la envidia y el
deseo de tener lo mismo que otros que poseen más y que la competencia sea una
forma de vida. El comunismo primitivo o grosero sería una consecuencia de esta
codicia y de este deseo de igualación con una serie de mínimos o medidas
determinadas. Aunque la posesión ha pasado a ser colectiva, la relación del
hombre con las cosas sigue siendo de posesión y es precisamente ese afán de
posesión lo que continúa generando la envidia y la codicia que en esta fase no
son de carácter individual sino comunitario.
Con la negación abstracta de la
educación y la civilización, el comunismo primitivo no ha entendido la
naturaleza humanan de la necesidad, simplemente lo interpreta como un ser sin necesidades
y que ni siquiera hubiera accedido a la propiedad. Por último, la relación
trabajo- capital se mantiene bajo la forma en que la comunidad actúa como
comunidad de trabajo y como capital en tanto que poder generalizado y reconocido
de la comunidad.
Aunque en su crítica Marx no cita
un solo nombre como representante o defensor de este tipo de comunismo, algunos
expertos piensan que con mucha probabilidad se estaba refiriendo a doctrinas
sostenidas en su época `por algunos seguidores de Babeuf liderados por Filippo
Buonarrotti y por algunas sociedades secretas tales como las de los
“humanitarios” que defendían la abolición del matrimonio, la familia, la
cultura burguesa, la ciencia y las bellas artes. Pero veamos el sentido de la
alienación y cosificación en la que se encuentra el ser humano y el comunismo
como superación positiva de la propiedad.
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